
Fundamentos de CCTV - La señal de Video - #1
Aspectos basicos de la formacion de la señal electrica de Video y su evolucion
1 Señal analógica de video (CVBS y derivados)
1.1 ¿Qué es realmente 1 Vpp?
En el contexto del video compuesto (CVBS), el valor de 1 Vpp (volt pico a pico) representa la amplitud total de la señal eléctrica transportada por el sistema, incluyendo no solo la información visible de imagen sino también los pulsos de sincronismo que permiten reconstruirla correctamente en el receptor.
Lejos de ser un valor arbitrario, este nivel responde a una convención técnica establecida por organismos como SMPTE y CCIR, cuyo objetivo fue garantizar la interoperabilidad entre equipos de distintos fabricantes dentro del ecosistema analógico. Esta estandarización permitió que cámaras, monitores, grabadores y matrices de conmutación pudieran operar sobre una base eléctrica común.
En términos prácticos, cuando una señal CVBS está correctamente adaptada a una carga de 75 ohmios, su estructura de niveles responde a la siguiente distribución:
| Componente | Nivel aproximado |
|---|---|
| Sincronismo | −0.3 V |
| Nivel de negro | 0 V |
| Blanco máximo | +0.7 V |
| Total | 1.0 Vpp |
Esta organización no es casual. El nivel de negro actúa como referencia base del sistema, mientras que la información de luminancia se desarrolla por encima de él. Por debajo del negro se ubican los pulsos de sincronismo, cuya función es marcar con precisión el inicio de cada línea y cuadro de video. Es justamente esta porción negativa de la señal la que resulta más crítica desde el punto de vista operativo.

Cuando la amplitud total disminuye —por ejemplo, debido a atenuación en el cableado o problemas de terminación— el sincronismo es el primer componente en perder margen. Esto explica por qué, en muchas situaciones de campo, la imagen puede parecer todavía visible mientras el sistema ya presenta inestabilidad, vibraciones o incluso pérdida total de señal. El receptor simplemente deja de poder “engancharse” temporalmente a la estructura del video.
Desde el punto de vista de medición, es fundamental entender que el valor de 1 Vpp solo tiene sentido cuando la señal está correctamente terminada en 75 Ω. Si se observa la señal con una entrada de alta impedancia, como un osciloscopio configurado en 1 MΩ con una sonda estándar, la amplitud medida será superior a la real debido a la falta de adaptación de impedancias. Este error es extremadamente común en diagnósticos iniciales y puede llevar a conclusiones incorrectas sobre el estado del sistema.
Otro aspecto relevante es el tipo de acoplamiento utilizado durante la medición. El acoplamiento en DC permite visualizar la señal en su contexto real, conservando la relación absoluta entre sincronismo, negro y blanco. En cambio, el acoplamiento en AC elimina la componente continua, lo que puede desplazar la referencia de negro y dificultar la interpretación precisa de los niveles, especialmente en tareas de ajuste o verificación.
Desde una perspectiva de diseño electrónico, la elección de un rango de 1 Vpp simplifica considerablemente la implementación de circuitos analógicos. Los sistemas de control automático de ganancia (AGC), los comparadores de sincronismo y los procesadores de luminancia y crominancia pueden calibrarse sobre un margen bien definido, lo que contribuye a la estabilidad general del sistema y a la compatibilidad entre dispositivos.
En el terreno práctico, estas características se traducen en una serie de consideraciones clave durante la instalación y el mantenimiento. La calidad del cableado, la correcta terminación en los extremos, la ausencia de derivaciones indebidas y la integridad de los conectores influyen directamente en la amplitud de la señal. Empalmes deficientes, cables excesivamente largos o de baja calidad, y conectores mal crimpados son causas habituales de degradación.
Por este motivo, en tareas de diagnóstico profesional, no basta con verificar que “hay imagen”. Es necesario comprobar que la estructura de la señal se mantiene dentro de los parámetros esperados. Medir el nivel de sincronismo cercano a −0.3 V y el blanco máximo en torno a +0.7 V, bajo condiciones controladas de 75 Ω y acoplamiento DC, permite asegurar que el sistema opera dentro de especificación.
Finalmente, es importante documentar siempre las condiciones de medición. Indicar si se utilizó acoplamiento AC o DC, el tipo de terminación y el punto exacto de prueba evita ambigüedades futuras y facilita intervenciones posteriores sobre la instalación.
Forma de onda simplificada

Impedancia en sistemas de video analógico
En los sistemas de video compuesto, la impedancia característica de 75 ohmios no es una recomendación ni una buena práctica: es una condición estructural del sistema. Toda la cadena —desde la salida de la cámara, pasando por el cable coaxial, hasta la entrada del monitor o DVR— está diseñada para operar bajo ese valor específico.
La razón de esto no es solamente eléctrica, sino también energética. Cuando una señal viaja por una línea de transmisión (como un cable coaxial), lo hace en forma de onda electromagnética. Para que esa energía se transfiera correctamente desde la fuente hasta la carga, ambas deben estar adaptadas a la impedancia característica del medio. En este caso, 75 Ω representa el punto de equilibrio óptimo entre pérdidas, capacidad de transmisión y comportamiento en altas frecuencias para señales de video.

Cuando esta condición se cumple, la señal se propaga de manera limpia y toda la energía entregada por la fuente es absorbida por el receptor. Sin embargo, cuando existe una desadaptación —aunque sea parcial— una parte de la señal no es absorbida y regresa hacia la fuente. Este fenómeno se conoce como reflexión.
Desde el punto de vista visual, estas reflexiones no se perciben como una falla eléctrica evidente, sino como artefactos en la imagen. El más característico es el denominado ghosting, donde aparecen duplicaciones o sombras desplazadas del contenido original. Esto ocurre porque la señal reflejada llega con un pequeño retardo respecto a la señal principal, generando una superposición temporal.
La magnitud del problema depende del grado de desadaptación. Una diferencia leve puede introducir pequeñas distorsiones apenas perceptibles, mientras que una desadaptación significativa puede degradar severamente la calidad de imagen, incluso si todos los equipos funcionan correctamente de manera individual.
En la práctica, muchas de estas desadaptaciones no provienen de fallas evidentes, sino de detalles aparentemente menores en la instalación. Los conectores BNC, por ejemplo, son un punto crítico: un mal crimpado, una mala soldadura o incluso tolerancias mecánicas deficientes pueden alterar la impedancia localmente. Este tipo de discontinuidades actúa como un punto de reflexión dentro de la línea.
El cable coaxial también juega un rol determinante. No todos los cables etiquetados como RG59 cumplen realmente con las especificaciones necesarias para aplicaciones de video. Variaciones en la calidad del dieléctrico, la malla de blindaje o el conductor central afectan directamente la impedancia característica y, por lo tanto, el comportamiento de la señal en el dominio de alta frecuencia.
Otro aspecto relevante es la correcta terminación del sistema. En configuraciones donde múltiples equipos pueden conectarse en cascada (por ejemplo, monitores con entrada y salida loop), es fundamental que solo el último dispositivo de la cadena esté terminado en 75 Ω. Si más de un equipo aplica terminación, la impedancia efectiva disminuye (por ejemplo, dos terminaciones en paralelo generan 37.5 Ω), lo que provoca una carga excesiva sobre la señal. Por el contrario, la ausencia de terminación deja la línea “abierta”, generando reflexiones casi totales.

Este tipo de errores es frecuente en campo y puede generar síntomas engañosos: imágenes con bajo contraste, pérdida de definición o presencia de ecos visuales, incluso cuando la señal parece tener amplitud suficiente.
Desde una perspectiva de diagnóstico, los problemas de impedancia son particularmente complejos porque no siempre se manifiestan como una simple caída de nivel. En muchos casos, la señal mantiene su amplitud general, pero presenta deformaciones en su forma de onda, especialmente en los flancos de transición. Estas deformaciones son indicativas de reflexiones y pueden observarse claramente con instrumental adecuado.
Concluyendo, la integridad de una señal de video analógico no depende únicamente de su nivel en voltios, sino de la coherencia de impedancia a lo largo de todo el sistema. Es por esto que componentes aparentemente secundarios, como conectores o tramos cortos de cable, pueden comprometer seriamente el funcionamiento global, aun cuando la cámara y el receptor estén en perfectas condiciones.

1.2 Luminancia (Y) – La información más importante
¿Qué es Y?
Dentro de la estructura de una señal de video analógico, la componente Y (luminancia) representa la información de brillo de la imagen, es decir, la distribución de intensidades desde el negro hasta el blanco. En términos prácticos, Y contiene toda la información necesaria para reconstruir una imagen en escala de grises, independientemente del color.
Desde el punto de vista perceptual, la luminancia es la componente dominante del video. El sistema visual humano está mucho más adaptado a detectar variaciones de brillo que diferencias de color, lo que implica que aspectos como el detalle fino, la definición de bordes y la percepción de ruido dependen casi exclusivamente de esta señal.
Esto no es casual: los sistemas de video analógico fueron diseñados teniendo en cuenta esta característica del ojo humano. Por esta razón, la mayor parte del ancho de banda disponible se asigna a la luminancia, mientras que la información de color se transmite de forma más comprimida y con menor resolución efectiva.
En términos de contenido, Y es responsable de la estructura espacial de la imagen. La nitidez, entendida como la capacidad de distinguir transiciones abruptas entre zonas claras y oscuras, está directamente vinculada a la fidelidad de la luminancia. Cualquier degradación en esta componente —ya sea por atenuación, ruido o limitaciones del sistema— se traduce inmediatamente en una pérdida de definición percibida.

Un aspecto particularmente relevante es la relación entre luminancia y ruido. En sistemas analógicos, el ruido eléctrico se manifiesta principalmente como variaciones aleatorias en la señal de luminancia, lo que el observador percibe como “grano” o interferencia visual. Dado que el ojo es altamente sensible a estas variaciones, incluso niveles moderados de ruido en Y pueden resultar molestos o comprometer la utilidad de la imagen en aplicaciones de seguridad.
En condiciones de baja iluminación, este comportamiento se vuelve aún más evidente. A medida que disminuye la señal útil proveniente del sensor, los sistemas de ganancia amplifican tanto la señal como el ruido asociado. Como resultado, la imagen pierde color progresivamente y se vuelve predominantemente monocromática. En este contexto, la crominancia deja de ser relevante y la luminancia pasa a ser prácticamente la única portadora de información útil.

Este fenómeno no solo responde a limitaciones electrónicas, sino también a una decisión de diseño. En escenarios nocturnos o de baja iluminación, priorizar la luminancia permite mantener el máximo nivel posible de detalle y reconocimiento, incluso a costa de perder información cromática. Es por esto que muchas cámaras de seguridad operan en modos blanco y negro bajo ciertas condiciones, optimizando así la relación señal/ruido.
Desde una perspectiva de transmisión, la robustez de la luminancia es fundamental. Mientras que pequeñas degradaciones en el color pueden pasar desapercibidas, cualquier alteración significativa en Y impacta directamente en la interpretabilidad de la escena. Por esta razón, en tareas de diagnóstico y ajuste, la evaluación de la calidad de la luminancia suele ser prioritaria.
Ancho de banda y distribución de información
La diferencia entre luminancia y crominancia no solo es conceptual, sino también espectral. En una señal de video analógico, cada componente ocupa un rango distinto de frecuencias, y esta distribución está directamente relacionada con cómo percibimos la imagen.
La luminancia (Y) se extiende típicamente hasta aproximadamente 4 a 5 MHz, lo que le permite transportar variaciones rápidas de la señal, es decir, los detalles finos de la imagen. Bordes, texturas y pequeñas diferencias de contraste requieren justamente este contenido de alta frecuencia para ser representados con fidelidad.
Por el contrario, la crominancia (C) se encuentra limitada a un rango mucho más reducido, del orden de 1 a 1.5 MHz. Esto implica que la información de color tiene una resolución efectiva menor, tanto en términos espaciales como en su capacidad para representar transiciones rápidas.
Esta asimetría no es una limitación accidental, sino una decisión de diseño profundamente ligada al comportamiento del sistema visual humano. Dado que el ojo es mucho más sensible al detalle en brillo que al detalle en color, resulta eficiente asignar mayor ancho de banda a la luminancia y comprimir la crominancia sin afectar significativamente la percepción global de la imagen.
Sin embargo, esta distribución tiene consecuencias prácticas muy claras en el comportamiento del sistema frente a degradaciones.
En primer lugar, el ruido tiende a manifestarse de forma más evidente en la luminancia. Al ocupar un ancho de banda mayor, Y es más susceptible a interferencias de alta frecuencia, que se traducen visualmente en grano o pérdida de limpieza en la imagen. Incluso pequeñas perturbaciones en este rango pueden ser fácilmente percibidas por el observador.
En segundo lugar, el detalle se pierde antes que el color. A medida que el sistema comienza a degradarse —ya sea por limitaciones del medio de transmisión, filtrado, atenuación o ancho de banda insuficiente— las componentes de alta frecuencia son las primeras en verse afectadas. Dado que estas corresponden principalmente a la luminancia, el resultado es una imagen progresivamente más suave o borrosa, mientras que el color puede mantenerse relativamente estable en etapas iniciales de la degradación.
Este comportamiento explica por qué, en muchas situaciones de campo, una imagen puede conservar sus tonalidades generales pero haber perdido definición. El sistema sigue transmitiendo información cromática básica, pero ya no es capaz de sostener la estructura fina de la escena.
Desde el punto de vista de diagnóstico, entender esta jerarquía es fundamental. La pérdida de nitidez no debe interpretarse únicamente como un problema óptico o de enfoque; en muchos casos, es indicativa de limitaciones en el ancho de banda efectivo del sistema o de degradaciones en la transmisión de la luminancia.
1.3 Crominancia (C) – Color sobre una señal monocromática
¿Cómo se “mete” el color?
Una de las decisiones más ingeniosas del video analógico fue lograr transmitir información de color sin alterar la compatibilidad con sistemas monocromáticos existentes. La solución consistió en superponer la crominancia sobre la señal de luminancia mediante un proceso de modulación cuidadosamente diseñado.
En lugar de enviar el color como una señal independiente, la crominancia se incorpora a la señal de video utilizando una subportadora de alta frecuencia. Esta subportadora se ubica dentro del espectro de la luminancia, pero en una zona donde su interferencia resulta mínimamente perceptible gracias a la distribución espectral de la señal.
Las frecuencias típicas de esta subportadora dependen del sistema de video:
| Sistema | Frecuencia de subportadora |
|---|---|
| NTSC | 3.58 MHz |
| PAL | 4.43 MHz |
Este valor no fue elegido al azar. La ubicación de la subportadora está cuidadosamente calculada para “encajar” entre los componentes espectrales de la luminancia, reduciendo interferencias visibles como patrones de batido o artefactos en la imagen.
Desde el punto de vista técnico, la crominancia se transmite mediante un esquema de modulación en cuadratura (QAM), donde dos componentes de color se codifican simultáneamente sobre la misma subportadora. En este contexto, la señal resultante puede describirse en términos de amplitud y fase.

La fase de la subportadora determina el tono (hue) del color. Es decir, pequeñas variaciones angulares en la señal corresponden a cambios en el tipo de color percibido (rojo, verde, azul, etc.). Por otro lado, la amplitud de la subportadora define la saturación, es decir, la intensidad o pureza del color.
Este esquema tiene implicaciones directas en la robustez del sistema. Mientras que la amplitud puede degradarse gradualmente sin perder completamente la información (resultando en colores más “lavados”), la fase es mucho más crítica. Pequeñas alteraciones en la fase —producto de ruido, distorsión o problemas en la transmisión— pueden provocar cambios significativos en el color percibido.
Esto explica por qué algunos sistemas, como PAL (Phase Alternating Line), introducen mecanismos adicionales para compensar errores de fase, alternando la referencia entre líneas consecutivas y reduciendo así los errores cromáticos acumulativos.
En términos prácticos, la crominancia siempre “viaja apoyada” sobre la luminancia. Si bien ambas comparten el mismo medio físico, su naturaleza es diferente: la luminancia define la estructura de la imagen, mientras que la crominancia la complementa aportando información de color. Esta relación hace que, en condiciones adversas, el sistema tienda a preservar primero la luminancia, sacrificando progresivamente la calidad del color.
Desde el punto de vista de diagnóstico, los problemas en la crominancia suelen manifestarse como:
- Cambios incorrectos de tono (desplazamientos de color)
- Colores desaturados o inconsistentes
- Aparición de artefactos cromáticos
A diferencia de los problemas en luminancia, que afectan directamente la legibilidad de la imagen, las fallas en crominancia suelen ser más sutiles en términos funcionales, pero igualmente indicativas de degradaciones en la calidad de la señal.
Comportamiento de la crominancia frente a degradaciones
A diferencia de la luminancia, cuya degradación se manifiesta principalmente como pérdida de nitidez o aparición de ruido, la crominancia presenta un conjunto de fallas muy características, directamente relacionadas con su forma de transmisión.
Dado que el color se transporta sobre una subportadora de alta frecuencia, cualquier fenómeno que afecte ese rango espectral impacta primero sobre la crominancia. La atenuación en altas frecuencias, típica de cables largos o de baja calidad, reduce progresivamente la amplitud de la subportadora. El resultado es una pérdida gradual de saturación: los colores se vuelven cada vez más débiles hasta desaparecer, dando lugar a una imagen en blanco y negro que, sin embargo, puede conservar buen nivel de detalle.

Este comportamiento suele generar confusión en campo, ya que la presencia de una imagen definida puede llevar a descartar problemas en la transmisión. Sin embargo, la ausencia de color es muchas veces el primer indicio de que el sistema está operando fuera de sus condiciones óptimas.
Otro fenómeno crítico es el desfase de la subportadora. Recordando que el tono del color depende de la fase de la señal, cualquier alteración en este parámetro —ya sea por distorsión del medio, interferencias o problemas en el procesamiento— produce lo que comúnmente se percibe como “colores incorrectos”. En estos casos, la imagen mantiene saturación, pero los tonos no corresponden a la realidad: pieles verdosas, cielos violáceos o dominantes extrañas son síntomas típicos de este tipo de falla.
En situaciones más severas, cuando la subportadora no puede ser recuperada correctamente por el receptor, la crominancia directamente no es decodificada. Esto puede deberse a una atenuación extrema, a un nivel insuficiente de señal o a una referencia de sincronismo de color (burst) inestable. El resultado es una imagen completamente en escala de grises, aun cuando la señal original contenga información cromática válida.
En términos prácticos, todos estos problemas tienen un origen común: la sensibilidad de la crominancia a las condiciones del medio de transmisión. Elementos como la longitud del cable, la calidad del coaxial, la presencia de empalmes o discontinuidades, e incluso la calidad de los conectores, afectan de manera desproporcionada a esta componente.
Esto explica por qué, en instalaciones reales, el color suele ser el primer indicador de degradación. Antes de que la luminancia muestre signos evidentes de deterioro, la crominancia ya puede presentar pérdida de saturación, inestabilidad o errores de tono.
Desde el punto de vista del diagnóstico, observar cómo evoluciona el color en una imagen no solo permite detectar problemas, sino también inferir su naturaleza. Una pérdida progresiva de saturación apunta típicamente a atenuación; cambios erráticos de color sugieren problemas de fase; y una imagen estable en blanco y negro suele indicar directamente la ausencia o imposibilidad de decodificación de la crominancia.
Aunque el color es perceptualmente secundario frente a la luminancia, desde el punto de vista técnico actúa como un indicador extremadamente sensible del estado del sistema, revelando degradaciones que aún no son evidentes en la estructura principal de la imagen.
1.4 Ruido en señal analógica
Fuentes de ruido
En cualquier sistema analógico, el ruido no es una anomalía ocasional sino una condición inherente. En el caso del video compuesto, este ruido se superpone directamente sobre la señal útil, afectando tanto la luminancia como la crominancia, aunque —como ya vimos— su impacto perceptual es más evidente en la primera.
El ruido térmico, también conocido como ruido de Johnson-Nyquist, es el nivel base inevitable presente en todos los componentes resistivos. Su origen es puramente físico: la agitación térmica de los electrones dentro del material conductor. Aunque individualmente es de muy baja magnitud, se vuelve relevante cuando la señal útil es débil o cuando el sistema introduce ganancia, como ocurre en condiciones de baja iluminación o en tramos largos de transmisión.

A este piso natural se suman las interferencias externas, comúnmente agrupadas bajo el término EMI (interferencia electromagnética). En entornos reales, motores eléctricos, fuentes switching, variadores de frecuencia y líneas de potencia generan campos electromagnéticos que pueden acoplarse al cableado de video. Aunque el coaxial ofrece cierto nivel de blindaje, este no es absoluto, y su eficacia depende directamente de la calidad del cable y de la correcta conexión de la malla.
La atenuación del cable introduce un efecto adicional que no siempre se asocia intuitivamente con el ruido. A medida que la señal se debilita por pérdidas en el medio, la relación señal/ruido (SNR) se deteriora, haciendo que el ruido —aunque no haya aumentado en términos absolutos— se vuelva más visible. Este fenómeno explica por qué, en instalaciones extensas, la imagen puede degradarse incluso en ausencia de interferencias externas significativas.

Un caso particularmente problemático es el de las mallas de tierra mal implementadas, que dan lugar a los llamados ground loops. Cuando existen diferencias de potencial entre distintos puntos de tierra, se generan corrientes parásitas que circulan por la malla del coaxial. Estas corrientes modulan la señal de video y producen artefactos característicos, como barras horizontales desplazándose lentamente o fluctuaciones de brillo.
A diferencia de otros tipos de ruido, los ground loops no son aleatorios, sino estructurados y persistentes, lo que los hace especialmente molestos y, en ocasiones, difíciles de diagnosticar si no se considera el sistema de tierras como parte integral de la instalación.
En términos de manifestación visual, el ruido en video analógico suele percibirse como un granulado fino, pérdida de uniformidad en áreas de color sólido o fluctuaciones en los niveles de brillo. En casos más severos, puede afectar la estabilidad de la imagen o interferir con la correcta decodificación de la crominancia.
Desde una perspectiva técnica, todos estos fenómenos convergen en un mismo parámetro crítico: la relación señal/ruido (SNR). A medida que esta relación disminuye, la capacidad del sistema para transmitir información útil se degrada, independientemente de que los niveles de señal aparenten ser correctos.
Relación Señal/Ruido (SNR)
La calidad real de una señal analógica no se define únicamente por su amplitud o por el cumplimiento de niveles nominales, sino por su capacidad de diferenciarse del ruido presente en el sistema. Este concepto se formaliza mediante la relación señal/ruido (SNR, Signal-to-Noise Ratio), que expresa cuán dominante es la señal útil respecto a las perturbaciones que la acompañan.
SNR = 20 \log \left(\frac{V_{se\tilde{n}al}}{V_}\right)
Esta relación se expresa en decibelios (dB) y tiene una característica importante: es logarítmica. Esto implica que pequeñas variaciones en voltaje pueden traducirse en diferencias significativas en términos de calidad percibida. Un aumento de 20 dB, por ejemplo, no representa el doble de calidad, sino un incremento diez veces mayor en la relación entre señal y ruido.
En sistemas de video, este parámetro resulta crítico porque el ruido se superpone directamente sobre la señal de luminancia. A medida que la SNR disminuye, el contenido útil comienza a perderse dentro del fondo aleatorio, afectando primero las zonas de bajo contraste y, progresivamente, toda la imagen.
En términos prácticos, una cámara de buena calidad suele trabajar con valores de SNR superiores a 50 dB, lo que permite obtener imágenes limpias, con bajo nivel de grano y buena estabilidad. En cambio, dispositivos de menor calidad o condiciones adversas pueden situarse en el rango de 35 a 40 dB, donde el ruido ya se vuelve claramente visible.
Esta diferencia, aunque numéricamente pueda parecer moderada, es altamente significativa en la práctica. A valores bajos de SNR, la imagen comienza a presentar el típico efecto de “nieve” o granulado, acompañado en muchos casos por fluctuaciones en el nivel de brillo. En escenarios extremos, la señal útil puede quedar tan degradada que se dificulta la identificación de objetos o detalles relevantes.
Es importante entender que la SNR no depende únicamente de la cámara. Factores como la longitud del cable, la calidad del medio de transmisión, la presencia de interferencias y el diseño general de la instalación influyen directamente en este parámetro. Incluso un sistema con una fuente de alta calidad puede degradarse significativamente si la transmisión no se mantiene dentro de condiciones adecuadas.
Desde el punto de vista del diagnóstico, la SNR ofrece una forma más completa de evaluar el sistema que una simple medición de amplitud. Una señal puede cumplir con los niveles de tensión esperados y, sin embargo, presentar una relación señal/ruido deficiente que comprometa su utilidad práctica.


Finalizando, SNR sintetiza el comportamiento global del sistema: no solo indica cuánto “nivel” tiene la señal, sino cuán usable es esa información en presencia de ruido. Es, en última instancia, uno de los indicadores más representativos de la calidad real de una señal de video analógico.